|
¿Que pasa con LA RED? Por: Dip. Lorena Martínez R.
Así de simple parece la pregunta que tenemos que hacernos para entender lo que pasa en el mundo de las telecomunicaciones, el uso del Internet y las operaciones comerciales, la protección de datos personales y la transparencia. Y para quienes no somos de la nueva generación, esa, cuyo uso de la computadora y el Internet, intranet y todo lo que se parece les resulta natural, la respuesta es muy complicada. Así nos resulta a nosotros, estudiantes de los ochentas, muy complicado entender y sin embargo tenemos que intentarlo, porque urgen leyes que nos permitan regular con mayor seguridad las operaciones en la red.
Por simple curiosidad querido lector, hace unos meses decidí hacer una revisión de nuestras leyes sobre este tema, y mi sorpresa fue mayor cuando descubrí que tenemos un enorme vacío legal en la materia. No hemos hecho la tarea en este delicado tema y el mundo tecnológico nos rebasa a pasos agigantados. Por eso, decidí sumarme al esfuerzo que hacen algunas instituciones e iniciar un proceso de construcción de leyes que faciliten al país insertarse en el comercio electrónico internacional y nacional, difusión de información y transparencia, sin poner en riesgo la seguridad de las personas y la protección de la privacidad como parte de nuestros derechos humanos.
Todos reconocemos los importantes beneficios que las tecnologías de la información y comunicaciones (TICs) brindan a las economías. De ello no hay ninguna duda. Estas tecnologías proporcionan ahorros en los costos a través de eficiencias y economías de escala, permiten la mayor difusión de los servicios necesarios para el beneficio social, y ofrecen oportunidades para desarrollar nuevos servicios de la industria y mercados para crear empleos, producir ingresos e impulsar el crecimiento.
Sin embargo, también estamos concientes de las constantes invasiones que por la vía del teléfono celular o domiciliario, el Internet u otros medios electrónicos sufrimos todos los días. Sin permiso previo recibimos ofertas, carteleras, felicitaciones de cumpleaños o mensajes de candidatos en el mejor de los casos o de plano, recibimos comunicados de secuestro, desaparecen nuestros ahorros, nos cambian de Afore, etc., etc. Y en el colmo de todo, tu nombre e imagen navegan por el mundo en el you tube y ¡¡¡¡sin pago de regalías¡¡¡¡. Y yo me pregunto ¿quién? ¿por qué? ¿con qué derecho? Y la verdad señores y señoras es por la sencilla razón de que ¡NO HAY DERECHO! Con la idea de acercar rápidamente las mejores experiencias internacionales a los países miembros de APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) y que aglutina a 21 economías del mundo, incluyendo la nuestra, se organizó en Singapur el Seminario sobre regulación de datos personales y que nos dejó una gran enseñanza. APEC tiene una larga historia emprendiendo labores para asistir y alentar a las economías a la total participación digital, con el objeto de que se dediquen de manera profunda a la construcción de infraestructura y capacidades de las TICs. Singapur reunió las representaciones gubernamentales de todas las economías integrantes, pero también a los principales directivos (Ceo’s) de las grandes empresas alimentadoras de la digitalización, desde Microsoft o Hewlett Packard, pasando por la sociedad civil organizada en defensa del consumidor y la seguridad de las personas. La tarea nuestra será impulsar desde el Poder Legislativo las mejoras necesarias que permitan a México insertarse en esta red de desarrollo. ¿Y por qué hacerlo? Sin duda porque las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones (TICs) como conjunto de servicios, redes, software y dispositivos deben tener como fin la mejora de la calidad de vida de las personas, deben contribuir al bienestar de un país y de su población. Por ello, democracia y nuevas tecnologías de la información y la comunicación son dos conceptos que viajan en una misma dirección, pues mientras democracia es el ideal de una Nación, las TICs son métodos, recursos y libertades que ofrecen posibilidades de crecimiento competitivo. Las tecnologías de la comunicación son una importante diferencia entre una civilización desarrollada y otra en vías de desarrollo como México; éstas poseen las características de ayudar a comunicarnos ya que, para efectos prácticos, en lo que a captación y transmisión de información se refiere, desaparece el tiempo y se eliminan las distancias y barreras geográficas. Las tecnologías hoy actúan como un importante motor del crecimiento gracias a sus ventajas económicas en términos de valor añadido, productividad y empleo. Esta nueva revolución tecnológica no sólo ignora las barreras del tiempo y el espacio ya que sus servicios están disponibles las 24 horas y en cualquier rincón del planeta, sino que también modifican las comunicaciones ínter ciudadanos y de estos con las diferentes instituciones; brindan acceso a grandes bases de conocimientos en Universidades y Bibliotecas, la enseñanza a distancia, la colaboración desinteresada entre centros de investigación o el empleo de la telemedicina son ejemplos del infinito universo de posibilidades que pueden brindar estas tecnologías y que hoy enaltecen la condición humana. Sin embargo el reto es enorme. Estadísticas de la ONU, UNESCO y la UIT indican que los países subdesarrollados apenas cuentan con: 2% de los satélites, 3% del correo, 5% de las computadoras, 5% de las estaciones de Televisión, 6% de las líneas telefónicas y ninguna de las bases de datos integrados, de redes digitales que operan a escala mundial. Es más, casi ningún país en vías de desarrollo ha logrado articular un marco legal adecuado que facilite el comercio y la generación de riqueza y proteja adecuadamente los datos personales y dé seguridad a las personas. El primer desafío de América Latina para asumir los procesos de modernización no son las estrategias de mercado de las corporaciones transnacionales o la transferencia de tecnología, sino el desarrollo de políticas públicas coherentes que valoren las telecomunicaciones como factor de desarrollo socioeconómico. Estas políticas no sólo deberán estimular la producción nacional y regional, sino también tomar en cuenta los fenómenos políticos, culturales y educativos para preservar la identidad y la soberanía. En estas regiones las nuevas tecnologías suelen presentar serias contradicciones: entraron al continente hace unos veinte años, asociadas a las transnacionales bancarias y líneas aéreas, y no como elemento de transformación infraestructural en la producción industrial y servicios básicos. Por ejemplo, en los últimos años la inversión en tecnologías de información y comunicación en México ha sido mínima; ya que se gasta únicamente el 3.2% del PIB. Si se compara esta inversión con la realizada en el resto del mundo, se puede ubicar a nuestro país en el lugar 50, incluso debajo de otros países latinoamericanos como Argentina (que ocupa el lugar 29). Son diversos los retos que en México debemos enfrentar, por mencionar sólo algunos podemos enlistar: problemáticas técnicas, problemas de seguridad, barreras económicas, barreras culturales, proteccionismo, escasez de políticas y presupuestos públicos; falta de legislación; etc. En México es necesario entender la importancia del sector de las telecomunicaciones y su contribución al crecimiento económico. Los procesos de información y comunicación forman uno de los tejidos fundamentales para el desarrollo social, de ahí la conveniencia de apoyar a este sector estratégico. El no hacerlo no sólo nos aleja del objetivo de pertenecer al grupo de sociedades desarrolladas, sino que refuerza las desigualdades actuales y construye otras nuevas. Bajo el anterior orden de ideas es que parece prioritario que los tres poderes del Estado y sus diferentes niveles de gobierno, tengan como una prioridad el impulso a estas Tecnologías, las cuales usadas de manera responsable, contribuirán de manera relevante al desarrollo industrial, agropecuario, sanitario, médico, científico, educativo, y desde luego, a la transparencia gubernamental. En este sentido, destinar mayores recursos públicos, incentivar al sector privado para la inversión y crear el andamiaje legal necesario para la correcta utilización de estas tecnologías son sin duda, acciones de la mayor relevancia que contribuirán a reducir la brecha del desarrollo. Es mucho lo que en México tenemos que hacer. Afortunadamente ya es preocupación y ocupación de algunos legisladores que nos encontramos trabajando en ello. Desde diversas trincheras colocamos los cimientos para que en unos años el uso de estas Tecnologías sea una realidad en nuestro país.
|